Seguro Universal de Salud

La Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma en su primer párrafo: La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana. En su Artículo 25 también se establece que todas las personas tienen derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.

La Humanidad dispone de un marco universal de derechos humanos que sin embargo no es capaz de asegurar la provisión de los derechos económicos y sociales en la práctica. Por ello, para lograr el ejercicio universal del derecho a la salud es necesario crear los instrumentos políticos y legales que convierten este fin en alcanzable, de forma que llegue a ser un derecho exigible por los ciudadanos y de obligado cumplimiento para todos los Estados.

La inspiración fundamental del modelo de desarrollo en el que creemos reside en la necesidad de pasar de un modelo basado en la voluntad a otro fundamentado en la responsabilidad global como la única forma de alcanzar que todas y cada una de las personas en los países empobrecidos tengan asegurado el acceso a un paquete básico de salud de forma permanente e independientemente de su nivel de ingresos o la riqueza del país en el que residan.

Un seguro universal de salud para países de medios y bajos ingresos, que asegure a todas las personas un paquete básico de servicios de calidad, que extienda el concepto de solidaridad, actualmente circunscrito sólo en ámbito nacional, y financiado de forma permanente por todos los países bajo un modelo equitativo y dinámico de contribuciones en función de la riqueza del país, podría ser la respuesta. La financiación provendría de recursos domésticos y de la ayuda oficial al desarrollo y sería una solución sostenible porque todos los Estados contribuirían de manera permanente y previsible. En esta concepción dinámica, los países de medios y bajos ingresos asumirían de forma progresiva una mayor carga de responsabilidad en la financiación de este seguro a medida que sus economías crecen. Hablamos de un modelo que sería de obligado cumplimiento para todos los Estados y que requiere de una concertación internacional regulada por una instancia multilateral bajo el amparo de Naciones Unidas.

Hoy, la ayuda internacional está fundamentada en la voluntariedad de los países donantes, en la ausencia de corresponsabilidad y en la carencia de un proyecto común. Para conseguir soluciones sostenibles la cooperación internacional debe cambiar hacia un modelo de cohesión global que defina estándares mínimos de desarrollo y de cobertura de necesidades básicas fundamentales, que posibilite unos niveles de vida digna a todos los seres humanos y todo ello inscrito en un marco de responsabilidad compartida para alcanzarlos. Este es el gran desafío ético de la Humanidad.

PDF Por un seguro de salud universal


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