La Asamblea Mundial de la Salud comienza hoy en Ginebra en un contexto marcado por los recortes en cooperación internacional, la salida de EEUU y Argentina de la OMS y nuevas alertas sanitarias. El reciente brote de hantavirus y la declaración de emergencia de salud pública de importancia internacional por el ébola Bundibugyo reflejan la preocupación creciente dentro de salud global por la capacidad de responder a nuevas crisis sanitarias en un escenario cada vez más complejo.
Para Salud por Derecho, una de las principales discusiones de esta Asamblea tiene que ver con el acceso a información relevante y a las muestras biológicas necesarias para desarrollar vacunas, medicamentos y otras tecnologías sanitarias durante una emergencia internacional, así como con el acceso a estos productos una vez desarrollados.
Las vacunas que no llegan
Aunque el Tratado de Pandemias salió adelante en 2025, sigue bloqueada la negociación de un Anexo relacionado con el reparto de beneficios derivados del intercambio de información sobre patógenos utilizada para desarrollar productos farmacéuticos.
Durante la pandemia, muchos países del Sur Global compartieron información científica, como secuencias genéticas, y muestras biológicas que fueron clave para el desarrollo de vacunas. Sin embargo, este intercambio de datos no se tradujo en un acceso equitativo a estas vacunas, que quedó concentrado en los países con mayor capacidad económica y productiva.
Esa inequidad no fue accidental. “Fue el resultado de un sistema que no está diseñado para facilitar el acceso equitativo, en el que hay muchos más factores implicados, como la propiedad intelectual, la concentración de producción y la ausencia de mecanismos vinculantes a nivel internacional”, señala Adrián Alonso, responsable de Incidencia Política de Salud por Derecho.
La situación actual del ébola Bundibugyo vuelve además a poner el foco sobre algunas de las debilidades que siguen abiertas. La OMS declaró este fin de semana la emergencia de salud pública de importancia internacional por un brote para el que actualmente no existe ninguna vacuna ni tratamiento aprobado, en un momento en el que preocupa la expansión regional de los casos en África Central.
Distintas organizaciones internacionales llevan años alertando de que muchas vacunas y tecnologías sanitarias desarrolladas con una enorme financiación pública siguen funcionando bajo modelos que no garantizan la transparencia, el acceso equitativo ni los precios asequibles para los países más afectados.
Nuevas amenazas bajo la presión climática
La aparición de nuevas enfermedades ya no se analiza únicamente como un problema epidemiológico. Cada vez más organismos científicos y sanitarios alertan de que factores como el aumento de temperaturas, la degradación ambiental o la pérdida de biodiversidad están modificando las condiciones en las que estas enfermedades aparecen y se transmiten.
Según la OMS, más del 60% de las enfermedades infecciosas emergentes que se notifican en el mundo tienen origen animal. Para Salud por Derecho, brotes recientes como el hantavirus o el actual ébola Bundibugyo reflejan hasta qué punto salud humana, animal y ambiental están cada vez más conectadas.
La organización alerta además del impacto sanitario asociado a la contaminación atmosférica y a la dependencia de combustibles fósiles, vinculados al aumento de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y olas de calor cada vez más intensas.
“Las próximas crisis sanitarias van a producirse en un contexto mucho más condicionado por presión climática, desigualdad y sistemas de salud bajo presión”, explica Adrián Alonso. “La preparación sanitaria también depende de cooperación internacional, acceso equitativo y capacidad de reducir vulnerabilidades antes de que las crisis aparezcan”.
Foto: Seventy-ninth World Health Assembly, Geneva, Switzerland, 18 – 23 May 2026. © WHO /Antoine Tardy




