Las terapias avanzadas están abriendo nuevas posibilidades en el tratamiento de enfermedades graves, especialmente en oncología. Al mismo tiempo, su desarrollo está poniendo sobre la mesa problemas conocidos en salud global, relacionados con los precios y el acceso a los medicamentos, a la tecnología y al conocimiento para producirlos, y la distribución del conocimiento.
Hace unas semanas hablamos de ello en la primera sesión de nuestra serie sobre terapias avanzadas, “Descifrando el acceso a las CAR-T: patentes y lecciones desde la salud global”. La conversación ayudó a ordenar un debate que todavía ocupa poco espacio en la agenda global, pese a sus implicaciones.
Este tipo de tratamiento personalizado contra el cáncer se basa en modificar células del propio paciente para que puedan reconocer y atacar el tumor, y ha abierto nuevas opciones en casos donde otras terapias no habían funcionado. Al mismo tiempo, su acceso está muy condicionado por su precio.
Los tratamientos disponibles oscilan entre los 300.000 y los 400.000 dólares por paciente. Estas cifras no solo limitan el acceso en países con menos recursos, también amenazan la sostenibilidad de los sistemas de salud que, en teoría, pueden asumir este tipo de innovaciones de alto coste.
A pesar de todo, el problema no es solo económico. Como en muchas otras ocasiones, tiene que ver con cómo se organiza la innovación. La investigación, los ensayos clínicos y las patentes se concentran en unos pocos países, con Estados Unidos y China a la cabeza. Otras regiones, como América Latina o África, apenas participan en ese ecosistema. Esto genera una doble brecha porque limita el acceso a los tratamientos y condiciona quién produce conocimiento y bajo qué condiciones se puede utilizar.
La propiedad intelectual tiene un papel esencial en este escenario. Las terapias CAR-T están protegidas por un entramado de patentes que cubre desde los componentes biológicos hasta los procesos de fabricación y administración. Para muchos países, esto supone enfrentarse a un entorno en el que desarrollar alternativas locales puede resultar jurídicamente muy complejo.
En la sesión contamos con José Daniel Rengifo, de la Universidad Nacional de Colombia, que presentó un análisis detallado de solicitudes de patentes relacionadas con CAR-T en su país. Su investigación muestra que existen flexibilidades legales que permiten limitar ciertas protecciones y alertó de cómo esas herramientas pueden perder eficacia si no se aplican con criterios claros. No se trata solo de lo que dice la ley, sino de cómo se interpreta y se aplica.
La otra perspectiva la aportó Giulia Segafredo, del Medicines Patent Pool, que centró su intervención en los modelos de licencias voluntarias y transferencia de tecnología. Su experiencia muestra que estos mecanismos han permitido ampliar el acceso a tratamientos en áreas como el VIH o la hepatitis C, con reducciones de precio y expansión a decenas de países. También destacó su aplicación reciente en oncología, con acuerdos como el de nilotinib para el tratamiento de la leucemia, que han facilitado la entrada de fabricantes genéricos y una reducción significativa de precios en distintos contextos.
Al mismo tiempo, explicó por qué trasladar estos modelos a las terapias CAR-T no es sencillo. A diferencia de otros medicamentos, su producción depende de procesos complejos, muchas veces integrados en hospitales, que requieren infraestructura, personal especializado y sistemas de calidad difíciles de replicar a corto plazo.
Todo esto apunta a un vacío más amplio. Al contrario de otras áreas como el VIH, la tuberculosis y las enfermedades desatendidas, no existen hoy organizaciones y marcos internacionales diseñados específicamente para abordar el acceso a terapias avanzadas, ni para facilitar la transferencia de tecnología o regular los precios con criterios de equidad. En ausencia de estas reglas, el acceso queda condicionado por dinámicas de mercado que tienden a reforzar las desigualdades que ya existen.
Las propuestas que se plantearon en la sesión van en esa dirección. Desde ajustar los criterios con los que se examinan las patentes hasta reforzar la transferencia de tecnología o incorporar estas terapias en las estrategias de salud global. No son medidas nuevas en otros ámbitos, pero aquí todavía están poco desarrolladas. Mientras tanto, las CAR-T siguen avanzando en el ámbito clínico. La distancia entre ese avance y las condiciones reales de acceso es, por ahora, parte del mismo problema.
Puedes leer aquí un resumen (en inglés) más extenso de la charla o descargarlo en este enlace.




