La contaminación del aire sigue siendo uno de los principales riesgos ambientales para la salud en Europa, a pesar de las mejoras logradas en las últimas décadas. La reducción de emisiones industriales, los cambios en el transporte y el desarrollo de políticas comunitarias de calidad del aire han permitido un descenso progresivo de algunos contaminantes. Sin embargo, sus efectos sobre la salud continúan siendo enormes y desigualmente repartidos entre la población. En este contexto, la Unión Europea está avanzando estos meses en la implementación de la nueva Directiva de calidad del aire, que actualiza los límites legales y los alinea más con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.
La semana pasada, participamos en el Quinto Foro Europeo sobre Aire Limpio (EU Clean Air Forum 2025), organizado por la Comisión Europea y celebrado en Bonn. El encuentro reunió a instituciones europeas, autoridades nacionales, personal investigador y organizaciones sociales para analizar el estado actual de la calidad del aire en la UE y debatir los pasos necesarios para avanzar hacia niveles que protejan mejor la salud de la población.
El encuentro coincidió con la publicación de nuevos datos que vuelven a mostrar la magnitud del problema. El último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Harm to human health from air pollution in Europe: burden of disease status 2025, estima que en 2023 se registraron alrededor de 182.000 muertes prematuras en la Unión Europea atribuibles a la exposición prolongada a partículas finas PM2,5, pese a que esta cifra supone una reducción cercana al 57% respecto a 2005. Aun así, el impacto sigue siendo elevado y, de hecho, el 95% de la población urbana europea continúa respirando niveles de contaminación superiores a las recomendaciones de la OMS, especialmente en lo que respecta a las PM2,5.
El informe subraya además que el impacto de la contaminación del aire no se refleja solo en las muertes prematuras. La exposición continuada a contaminantes como las partículas finas PM2,5, el dióxido de nitrógeno y el ozono está relacionada con una pérdida de años de vida saludable y con el desarrollo de enfermedades que acompañan a muchas personas durante largos periodos de tiempo.
En los últimos años, se ha consolidado la idea de que los efectos de la contaminación del aire sobre la salud son más amplios de lo que se pensaba inicialmente. Aunque desde hace tiempo existe evidencia sólida sobre su relación con enfermedades cardiovasculares, respiratorias y con el cáncer de pulmón, investigaciones recientes han ampliado este marco. Hoy se identifican asociaciones con otras patologías como la diabetes y el asma infantil y, de forma creciente, con alteraciones neurológicas, entre ellas el deterioro cognitivo y la demencia. El informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente señala que esta relación se basa en evidencia científica reciente y aún emergente, por lo que no establece una causalidad directa, pero sí apunta a un impacto potencial relevante de la exposición prolongada a la contaminación sobre la salud cognitiva.
A pesar de las limitaciones, la evidencia disponible sugiere que la contaminación del aire está contribuyendo a que miles de personas en Europa vivan más años con limitaciones relacionados con la demencia. Es, además, de las enfermedades analizadas, la que más años de discapacidad generaría en la población, muy por encima de la diabetes, el asma o las complicaciones cardiovasculares. Por ejemplo, por cada año que las personas viven con discapacidad por diabetes atribuible a PM2,5, hay más de tres años vividos con discapacidad por demencia
Un aspecto que ha cobrado especial importancia es el reconocimiento de daños que no siempre se traducen de inmediato en una enfermedad concreta. La exposición continuada a la contaminación puede activar procesos biológicos como la inflamación o el deterioro de los vasos sanguíneos, que no producen síntomas visibles a corto plazo, pero influyen en el envejecimiento del organismo y aumentan la probabilidad de desarrollar problemas de salud más adelante. Incorporar estos efectos en los análisis permite comprender mejor el impacto real de la contaminación del aire, incluidos aquellos daños que durante años no se tuvieron en cuenta en la evaluación de sus consecuencias para la salud.
En el caso del ozono troposférico, la EEA estima que en 2023 la exposición por encima de los niveles recomendados se asoció con unas 63.000 muertes prematuras en la Unión Europea. Para el dióxido de nitrógeno, contaminante estrechamente vinculado al tráfico rodado, la cifra estimada fue de 34.000 muertes. A pesar de que los niveles medios de estos contaminantes han descendido en muchos países, la exposición sigue afectando especialmente a las grandes áreas urbanas, donde se concentra la mayor parte de la población
España no es una excepción. Los datos del informe muestran una reducción progresiva del impacto atribuible a las partículas finas, en línea con la tendencia europea. No obstante, una parte muy significativa de la población sigue expuesta a concentraciones de PM2,5 por encima de las recomendaciones de la OMS, especialmente en áreas urbanas y metropolitanas. El informe también señala que la exposición al dióxido de nitrógeno sigue siendo un problema relevante en ciudades con alta densidad de tráfico.
La Agencia Europea de Medio Ambiente insiste en un mensaje fundamental: las mejoras en la calidad del aire no se traducen de forma inmediata en una mejor salud de la población. Muchos de los efectos de la contaminación se acumulan a lo largo de los años, por lo que los beneficios sanitarios aparecen de forma gradual. Por ello, son necesarios medidas sostenidas que reduzcan la exposición, prestando especial atención a los grupos más vulnerables, como la infancia, las personas mayores y quienes viven en zonas con niveles más elevados de contaminación.
Estos temas estuvieron muy presentes durante el EU Clean Air Forum, donde se subrayó la necesidad de aplicar de forma efectiva la normativa europea sobre calidad del aire y avanzar hacia políticas que reduzcan la exposición, especialmente en entornos urbanos. En Salud por Derecho compartimos este enfoque, los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente muestran que, pese a los avances, la contaminación del aire sigue provocando problemas de salud y muertes evitables en Europa y en España, lo que refuerza la necesidad de situar la protección de la salud y la equidad en el centro de las decisiones públicas.




