Estos días se celebra en Colombia, la Conferencia de Santa Marta sobre financiación climática y transición energética, que ha puesto el foco en los beneficios de las grandes petroleras en un contexto de dependencia energética sigue siendo enorme. La pregunta que está en el centro del debate es cuál queremos que sea nuestro modelo económico y quién asume sus costes.
Mientras esa discusión gana espacio a nivel internacional, en Bruselas se está tomando una decisión que va en esa misma dirección. La Unión Europea prepara su próximo presupuesto a largo plazo, el Marco Financiero Plurianual para 2028–2034, donde se define qué actividades reciben apoyo público y cuáles quedan fuera.
No se trata solo de un reparto de fondos, también de qué tipo de transición se financia y de sus consecuencias en ámbitos muy concretos, como la calidad del aire, las condiciones de la vivienda o la exposición a contaminantes.
En Salud por Derecho llevamos tiempo analizando la propuesta en la que trabaja la UE. Parte de ese trabajo lo hemos recogido en una serie de infografías que traducen ese debate en ejemplos concretos. Muestran qué significa en la práctica orientar el presupuesto hacia la acción climática y cómo esas decisiones se reflejan en la salud de la población. Muchas de las medidas que se plantean para reducir emisiones tienen efectos inmediatos en la salud. No hace falta esperar décadas para ver resultados.
El transporte es uno de los ejemplos más visibles. Electrificar flotas y reducir el tráfico contaminante mejora la calidad del aire en las ciudades. En zonas de bajas emisiones ya se ha observado una reducción de las visitas a atención primaria por problemas respiratorios y cardiovasculares en torno a un 25%. A esto se suma el impacto del transporte activo, que amplía los beneficios en salud.

La vivienda también forma parte de esta ecuación. Mejorar el aislamiento o la ventilación reduce el consumo energético y mejora las condiciones de vida. Se traduce en menos hospitalizaciones, menos síntomas respiratorios y un mayor bienestar, sobre todo en menores y personas mayores.

En la industria, la reducción de emisiones y contaminantes implica menos exposición a sustancias nocivas. Con el tiempo, esto se refleja en menos enfermedades y en una menor presión sobre los sistemas sanitarios.

A partir de este análisis, desde Salud por Derecho planteamos varias propuestas para el próximo presupuesto europeo: aumentar el peso de la acción climática dentro del conjunto del gasto, evitar la financiación de actividades que dañan la salud como los combustibles fósiles, incorporar evaluaciones de impacto en salud en los programas europeos y asegurar que la transición tenga en cuenta las desigualdades entre territorios y población.
Tienes todas las infografías y propuestas disponibles en este documento, que puedes descargar en este enlace.
Infografias MFF_ SaludporDerecho




